#QueDistintosSomos El Mito

#QueDistintosSomos El Mito

Durante la era copera internacional de Liga Deportiva Universitaria, y la inmediatamente posterior, a los hinchas nos gustó sentir ese aire especial; esa sensación única de que el equipo adorado obtuvo cuatro títulos internacionales, que denotaban un trabajo institucional integral, resultado que se construyó varios años antes y que en ese momento tuvo grandes frutos. Algo especial y diferente para el fútbol ecuatoriano.

Es así que empezamos a compararnos, con ese aire propio de la rivalidad deportiva. Hablábamos de lo distinta que era nuestra dirigencia de otras, nuestro estadio de otros, nuestros jugadores, nuestros problemas, y nuestra hinchada. Incluso nos burlábamos de cómo un equipo del astillero había llegado a dos finales de Copa Libertadores, sin conseguir levantarla, y nos quejábamos de cómo ellos vivían de su gran década 1990 – 2000 y que ese equipo “se crecía” por su pasado.

Sin embargo, en la actualidad, cuando ya han pasado ocho años del “Liga Campeón de América” ¿No les parece que hemos caído en lo mismo? Porque cada semana, tanto dentro como fuera de la cancha, ese #QueDistintosSomos se diluye, desde el equipo, pasando por la dirigencia y llegando a nosotros los hinchas.

Este 2016 el equipo ha sido un sube y baja tan fluido, como anda en general el fútbol ecuatoriano, con poca categoría y sin un juego especial que destaque. La tónica es el juego trabado y nuestras críticas al equipo albo se mantienen: carencia en la defensa, poco desborde en las bandas, falta de solidez en el medio campo, poca contundencia…Ya marea cada vez, y no hallamos explicación, en consecuencia explotamos todos.

Sobre la dirigencia, muchos concordamos con lo que mencionaba ayer en su columna Jorge Ramadan: “Esteban Paz sale a contestar todo lo que sucede y a dar explicaciones hasta por qué el gato sí tiene una quinta pata.” Una institución que se construyó a la interna ahora depende mucho de todo lo que le diga la hinchada, de los gritos tuiteros o de la farándula de muchos medios de comunicación. Nos volvimos lo que criticábamos, casi como “otro escándalo amarillo”.

La hinchada que era distinta, familiar, de esas tradicionales que llenaban el Atahualpa y luego Casa Blanca, con gente de toda edad y estaban como me lo recordaban mis compañeros Cyberalbos “cuando la LIGA no era nada” ya no existe. Ahora es una hinchada que no entiende esos tiempos, no está en su pensamiento, ni memoria. Con gente que dañan escenarios deportivos ajenos, (como antes nos quejábamos que “sólo” los otros lo hacían), o lanzan objetos a la cancha o ellos mismo la invaden. Y peor aún, que buscan justificar esos actos, comparándolos con los de los demás, para sentirse “menos malos”, o difundiendo teorías conspirativas, olvidando reconocer que en verdad: nuestra hinchada también falla, igual que equipo y la dirigencia también, y que cada día que pasa ya no somos distintos.

Quizás el peor enemigo está en casa, ese que no quiere reconocer lo que sucede, desde cada rincón de lo que sentimos y vivmos como LIGA.

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