La pelota no se mancha

La pelota no se mancha

“La pelota no se mancha” sentenció el inmenso Diego Armando Maradona hace ya algunos años; pero en las últimas semanas dos sucesos han hecho que el mundo futbolero del país se detenga a pensar si es así en realidad.

El primero se dio en el marco de la Copa Libertadores, ese torneo tan nuestro, tan futbolero, tan lindo y tan lleno de historias (a veces negras). Lo que pasó en la Bombonera es algo repudiable, no solo por las agresiones a jugadores, sino también por la actitud de los encargados de la seguridad, dirigentes, hinchas y de los propios jugadores de Boca.

Algo debe estar mal, muy mal, para que no se pueda tener un momento de lucidez en medio de la locura que hubo. La pelota se manchó, y feo, sobre todo porque los principales actores del juego no supieron ser solidarios y fueron indolentes ante el dolor y sufrimiento de sus compañeros de trabajo.

El segundo evento se dio en nuestro país. Cuando la mayoría pensábamos que se había escarmentado a raíz de los múltiples casos de adulteración de edad y de suplantación de identidad, aparecen nuevamente en la palestra las dudas sobre varios juveniles. Y lo peor de todo es que fueron los mismos técnicos quienes debieron dar la voz de alerta, pues desde la dirigencia no se hacía ni decía nada.

Sin embargo en este caso, ¿quienes son las víctimas y quienes los victimarios? ¿quiénes esconden y socapan y quienes son engañados? Tal parece que incluso se ha engañado a la misma FEF, pues el ente avala el concurso de jugadores presuntamente de mayor edad. Pero aquí la pelota no se manchó; el ansia y ambición de algunos no puede mancillar al juego, a la esencia misma del fútbol.

Porque la codicia que lleva a algunos, muchos de ellos fuera del entorno de la pelota, a realizar esas acciones no tiene nada que ver con ella; afecta, si, pero no es parte de los principios y valores, a nuestro entender que mueven al balompié.

Quizá seamos demasiado románticos y nostálgicos al pensar así y no darnos cuenta que el fútbol, para muchos, demasiados, es un negocio, una fría actividad que solo debe dejar réditos económicos. Para nosotros no, para nosotros es la pasión de ir a la cancha, de sufrir con la camiseta puesta, de llorar y reir con cada copa, con cada gol. Pero para ellos, los comerciantes de la pelota, no importa lo que nosotros sentimos, a pesar que somos nosotros quienes llenamos sus bolsillos.

Al fin de cuentas, para nosotros esto “solo” es un juego, del cual vivimos enganchados casi 24 horas al día, 7 días a la semana. Nuestra responsabilidad no es con la sociedad, el club, los jugadores… es con nosotros y lo que les estamos dejando a nuestros hijos. Depende de nosotros si les dejamos lo bueno, o lo malo.

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