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La Columna de Jorge Barraza

01 July, 2008 05:51:00 Miguel Aráuz C.
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Menos a un equipo brasileño. Las finales son más protocolares, cerradas y tensas, lo curioso: Liga de Quito no fue una tromba destructora, sino un vendaval sereno; un viento fuerte.
 
Fecha de actualización: 6/30/2008

Uno no termina de sorprenderse nunca: ver a un equipo brasileño apabullado por uno ecuatoriano, haciendo tiempo mientras pierde 4-2 para que el partido termine. Así es una película desconocida. La estrenaron el miércoles pasado. Tal era el baile que Liga le había dado a Fluminense en el primer tiempo, que cuando Flu logró su inmerecido segundo gol, en lugar de ir por más, se quedó quietecito. Sin duda, para los de Renato el 2-4 fue negocio: era un partido de cinco o seis goles de diferencia.

Si los resultados hablaran… Las cosas que dirían del magro 4-2 de Liga de Quito a Fluminense, en la primera final de Libertadores.

La historia de la Copa no recuerda, en finales, un bailoteo similar ni un primer tiempo de 4-1. Menos a un equipo brasileño. Las finales son más protocolares, cerradas y tensas. Lo curioso: Liga de Quito no fue una tromba destructora, sino un vendaval sereno; un viento fuerte, fresco y alegre que arrasó con el juego. Como si alguien le susurrara a un caracol: “amorcito lindo, tengo que aplastarte, pero será dulcemente”. Así fueron llegando los goles, como producto natural e irremediable de su armoniosa dinámica.

Una final tan abierta, vistosa y agradable pone sobre el tapete el apasionante dilema del fútbol de ayer o el de hoy. Pensamos en aquellas definiciones de los sesenta, setenta y hasta ochenta: ásperas, llenas de broncas, arremolinamientos, brusquedades, especulación, expulsados, pocos goles. Antes, quizás, había más figuras que hoy, pero ¿el espectáculo era más bonito?

La Copa, si llega, coronará el proceso evolutivo del fútbol ecuatoriano, pero ya fue consagratorio el fútbol de Liga. Su insultante superioridad, la técnica individual, el funcionamiento, el atrevido planteo de salir a golear de entrada y la autoridad para dominar el juego. En esto no entra la altura, al minuto ya ganaba Liga. Nadie se ahoga en un minuto, ni en el Himalaya.

Si a un hincha noruego que desconociera a ambos equipos y le preguntaban cuáles eran los brasileños, hubiese respondido: “Los de blanco”. La extraordinaria circulación de pelota del cuadro quiteño no es otra cosa que el célebre “toque de bola”, que encumbró a los hermanos de Pelé. El “jogo bonito” y el carnaval fueron patrimonio ecuatoriano.

Fluminense marcha último en el Brasileirao. Colero entre veinte equipos, con apenas dos puntos en siete fechas. Suponíamos que era porque había guardado todas las municiones para ametrallar a Liga, pero no. Tal parece que Fluminense es esto nomás. Ya lo vimos en semifinales: Boca lo peloteó por aire, mar y tierra. En los dos partidos, sin embargo, la suerte es una chica enamorada de los brasileños; lo sabemos hace años. Si faltaba una demostración, valga ese golazo de Conca que puso el 1-1 parcial, resultado mentiroso si los hubo.

¿Qué el 4-2 no garantiza la Copa? De acuerdo. ¿Qué el 4-1 sí era indescontable? Tal vez. Después de ver cómo se dio el juego, apena el marcador. Es injusto de toda injusticia. Pero ganó. El capitán Patricio Urrutia (el mismo que le anotara el golazo a Argentina días pasados) puso la cuota de sensatez: “Merecíamos más, pero si antes del partido nos preguntaban si queríamos un triunfo por dos goles, firmábamos con los ojos cerrados”. De modo que no hay espacio para lamentos. Por encima de la victoria, lo que avala su ilusión es el nivel del equipo: los muchachos de Liga se convencieron de poder imponer su fútbol; de no ser menos que el rival (muy al contrario).

El jugador olfatea enseguida lo que tiene adelante. Si intuye que puede, no lo detiene nadie. Y hay un respaldo espiritual importante: los ecuatorianos eliminaron a tres equipos argentinos, al América de México y ahora van por otro pez gordo: el Flu.

Aplausos para el técnico Edgardo Bauza, autor intelectual de esta maquinaria blanca. Ni el Maracaná debería achicarlos después de la demostración que se han dado a sí mismos. No deberán subestimar, desde luego. Los de enfrente son brasileños.

Un detalle interesante, vale sopesarlo: Liga fue de menos a más en la Copa. Ha cumplido sus mejores actuaciones en la segunda parte del torneo (San Lorenzo, América, Fluminense), cuando la exigencia aumenta. Fluminense ha descrito una parábola opuesta, parece llegar desinflado. “Flu tiene todo para ganar la Copa”, dijeron los medios brasileños. ¿Habrán visto otro partido?

A Liga le falta un solo paso para abrazar la gloria, sin embargo ya se metió al continente en el bolsillo; lo encantó con su fútbol. El miércoles tendrá 200 millones de hinchas.

Diez días atrás, Ecuador salió con rabia del estadio de River por su empate ante Argentina, quería los tres puntos. Hoy se lamenta de que Liga apenas le hizo cuatro a Fluminense, en una final de Copa. ¡Cómo cambian los tiempos!

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