El discurso
Van pasando las fechas y LIGA no logra consolidarse ni en su juego ni en los resultados...
Van pasando las fechas y Liga Deportiva Universitaria no logra consolidarse ni en su juego, ni en los resultados y en consecuencia, en la tabla de posiciones. Son algunos los puntos que Liga ha dejado escapar y que lo dejan en un modesto segundo puesto.
Y decimos modesto porque sabemos lo que Liga puede dar, lo que sus jugadores pueden conseguir. Y los hechos son claros. Si sumamos solamente los puntos que se han perdido en los últimos minutos de juego, el equipo estaría no solamente puntero, sino con una buena diferencia sobre su inmediato perseguidor.
Pero lo que más molesta a la hinchada es que se los quiera engañar. Luego de cada partido (y de cada punto perdido) la culpa del mal resultado la tiene el árbitro, la cancha, la suerte, el viento en contra, la luna llena. Nunca es culpa de las desconcentraciones, de la mala definición, de la falta de actitud, de la excesiva confianza o de subestimar a los rivales.
En el último encuentro frente a los morlacos se evidenciaron las debilidades que tiene, por ejemplo, el bloque defensivo. El técnico de la U, Jorge Fosatti, ponderó en la rueda de prensa la solvencia de la defensa porque el rival no llegó casi nunca al arco albo. Pero si el rival no llega y en una de las escuetas llegadas marca un gol ¡de que solidez en defensa estamos hablando!
Igualmente se habla que Liga domina, maneja el balón, llega constantemente y con peligro al área contraria, que genera muchas opciones de gol. Pero si de todas las (decenas, cientos o miles de) llegadas al arco solo se marca UN gol, ¡de que sirve el dominio absoluto del juego!
Definitivamente es momento de sincerarse. Este receso obligado por las eliminatorias mundialistas debe servir al cuerpo técnico y jugadores para reflexionas sobre el presente, pero sobre todo futuro, del cuadro universitario. Y si es necesario ventilar cualquier asunto extra futbolístico se lo debe hacer; casa adentro por supuesto.
Es hora de dejar a un lado los discursos (que comienzan a ser reiterativos) y entrar a analizar las verdaderas causas de los malos resultados. Hay que actuar. Las palabras se las lleva el viento.
gabo@cyberalbos.com



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