Una abuelita alba

Una abuelita alba

En medio de estos tiempos convulsos, en que nos olvidamos de lo esencial y es fácil caer en peleas en donde cada cual quiere competir e imponer su accionar para así creer que tiene más derecho que otro, es bueno parar un rato y recordar valores que nos aportan, como comunidad, en este caso la comunidad liguista.

En las redes sociales suelo ser espectadora de cómo la misma hinchada de LIGA se divide, entre quienes se apegan a lo tradicional o quienes quieren un cambio, entre quienes pueden ir al estadio y/o comprar todos los productos o los que no y solo pueden comentar un partido en las redes. Y así caemos en peleas absurdas nos olvidamos de lo que nos une, el amor por LIGA, la ilusión de ver el desarrollo del juego, no solo el resultado. Lo esencial del deporte como sinónimo de salud, de equipo, que es un espacio de nuestras vidas, pero que alrededor podemos construir más.

Es por esto que he querido contarles la historia de María Teresa Villalba, también conocida como Coquita o Cocó, una abuelita alba que hace un mes partió de este mundo, pero que en medio de la pena y el extrañarle, se hace más fuerte recordarla por lo que en vida fue.

Gracias a mi amiga Ximena Yerovi, su nieta, conoceremos un poco de la relación entre la Coquita y LIGA. Me cuenta que su abuelita tenía unos valores que eran súper importantes para ella, para educar a sus hijos: 1. Ahorrar, siempre ser planificados económicamente; 2. Ser súper honestos y hacer las cosas siempre bien y 3. Ser de la LIGA.

Explica Xime que su abuelito era del Aucas, pero su abuelita les inculcaba a sus hijos que obviamente sean de la LIGA. La Coquita nunca fue al estadio porque respetaba la preferencia auquista de su esposo y nunca se separaban. Además sus quehaceres de ama de casa no le daban tiempo. Pero eso sí, tenía una radio viejita en la cocina y ahí escuchaba el partido de principio a fin.

Cuando el padre de Xime o su tío, hinchas asiduos no podían ir al estadio, la Coquita les tenía el resumen de lo que había pasado en el partido de la LIGA, los expulsados, el árbitro, que tal jugó y todo. Era la mamá típica que ponía velitas cuando había un partido importante de la LIGA o la que te llamaba a preguntar, ¿qué pasó en el partido? A ella le encantaba el futbol, y cada cuatro años se emocionaba llenando sus cuadernos del Mundial, con el nombre de la ciudad, alineación y comentarios. Vivía el fútbol de una manera sana, con ilusión e información.

Recuerdo que tuve la fortuna de que Xime y yo no pudimos viajar a Guayaquil en el 2010 para la final con Emelec, digo fortuna porque aquel día vimos la final con la Cocó. Ella era la liguista principal de la casa, la recuerdo sentada frente al televisor y todos rodeándola, sufriendo a cada instante, juntos viviendo intensamente, con mucho amor en medio de tantos nervios. Sin duda, ese día fue especial para mí, que no tengo familia tan futbolera, pero sentirme parte de la familia Yerovi Villalba aquella noche fue un gran regalo que recuerdo con gratitud.  

Este pasado diciembre del 2018 para celebrar el campeonato su nieta le llevó a Coquita en el auto hacia el sector de la pileta de la Universidad Central con todo y su oxígeno, y ella iba feliz escuchando los pitos, viendo los buses con las banderas de LIGA. Y se quedaron observando toda la algarabía, porque la Coquita no quería irse hasta poder ver el bus de los jugadores. Ese fue el último campeonato de esta abuelita, que a sus 85 años partió dejando su herencia de dicha y amor por el albo.

Recuerda Xime que su padre se hizo de la LIGA porque era el equipo de su universidad pero sobre todo porque era el equipo de la Cocó, mientras ella rememora que a los 5 años estaba siempre en el Atahualpa cantando esta es, la barra brava, la barra… y como dice: ¡Viendo a Berrueta patear, quien no se hacía de la LIGA!

Para mi, tanto en Iván el padre de Xime, como en mi amiga, veo el legado de la Coquita. Xime nunca ha comprado una camiseta alba, y no le hace falta, ella dice no necesitarlo porque la lleva en el alma y eso denota siempre, en buenas y malas, su liguismo no es de tendencias o mercadería, es desde siempre y hasta siempre. Mientras Iván, prefirió este año no demostrar su descontento insultando o peleándose con la gente, sino retirarse de su puesto en el estadio porque no puede aportar. Una decisión que asombrado, pero que en este momento suma más que mil insultos y broncas que se generan, como si con ello mejoráramos el desarrollo fútbolistico o empresarial de LIGA.  Creo sin duda que la Coquita se fue contenta, porque sus hijos y nietos, dan mucho amor, mantienen a su familia unida, priorizan sus valores a las tendencias y hoy por hoy eso vale oro. Después de todo, ¿De qué sirve “dar la vida por los colores” si haces daño a otras vidas?

Dedicado a Coquita, a sus hijos Iván Gonzalo, Ana María, Luis Anibal y Galo Rodrigo, su nietos y toda la familia Yerovi Villalba.

Dedicado a los amigos albos que también partieron recientemente y que desde sus vidas y sus iniciativas cotidianas nos enseñaron a querer más a LIGA.

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