Un vibrante partido aparte

Un vibrante partido aparte

Llegar temprano a Casa Blanca fue un compromiso adquirido desde la noche anterior, muchos sacrificaron hasta la farra para madrugar el domingo por un buen puesto. Se anticipaba un estadio lleno. Desde las 8:30 AM, las redes sociales comunicaban el arribo de distintas camisetas al estadio.

Las dos hinchadas se jugaban un partido aparte:
Los albos sentíamos temor, que aunque muchos lo nieguen o lo justifiquen, era evidente por los últimos resultados y por la falta de conexión en algunas líneas en el equipo. Sin embargo, al momento de ir a la cancha, muchos renovábamos el pacto de amor a LIGA, recordando el valor de la jerarquía, la confianza en la capacidad de los jugadores y los valores de nuestra Institución.
De la otra orilla, una hinchada ansiosa por conseguir un título esquivo desde hace mucho tiempo ganándole al mejor equipo del Ecuador, el mismo que ha logrado mantener su localía ante ellos, durante 16 años y 5 meses. Un plantel amarillo que ha mejorado su nivel futbolístico frente a una LIGA en proceso de recuperación. No cabía duda que se iba a vivir un espectáculo, pero pocos hinchas imaginamos el nivel de emociones que se generarían.

Saltaron los dos equipos a la cancha y fueron recibidos con ovación en un estadio que no se llenó. Y esto sí fue penoso, pues aquel canto: “Es tu gente que está siempre en las buenas en las malas mucho más y más y más”, se aplica cada vez menos.
La hinchada torera, en su mayoría ubicada en la general sur alta, recibía a su equipo con globos amarillos, papel picado y cantos, mientras otros hinchas se infiltraban en las otras localidades. La barra de la U ponía su carnaval, guiado desde las dos generales, con ciertos intervalos de tenebroso silencio por parte del resto de hinchas que permanecían sentados con nerviosismo al iniciar el partido.

El encuentro se tornó de ida y vuelta quizás con más emociones para LIGA. La tensión no pasaba, más aún con el marcador en cero, pues cualquiera de los dos equipos podría cambiar ese resultado. En la tribuna oriental compartíamos el espacio, albos y amarillos (infiltrados). Muchos visitantes mantenían el silencio y los albos tratábamos de unirnos a alguno de los cantos de la hinchada. Pero lo mejor estaba por venir.

Llegó el minuto 56 y la temperatura se elevó con un gol de los canarios, seguido por los gritos eufóricos de los infiltrados que se olvidaron de su condición de visitante y festejaron sin control. Los hinchas de LIGA luego del silencio, gritaron un “¡Vamos LIGA!”. Así llegaría el minuto 59 con el primer gol del Taca Bieler. Euforia en la hinchada alba que celebraba, reía, cantaba, agradecía al delantero por tan buen gol.
El 1 a 1 era tenso y más preocupante para la hinchada de LIGA que se quedó con 10 jugadores en cancha. Vino el baldazo de agua fría para los centrales al minuto 80 cuando Barcelona otra vez tomó ventaja en el marcador. Con tan poco tiempo por delante se temía lo peor para el hincha de LIGA: El final del invicto sobre Barcelona.

Los hinchas canarios se abrazaban y ya daban por sentado que el partido estaba cerrado, corrían burlas sobre varios liguistas que permanecíamos sentados, pálidos, con escalofrío, y muchos otros en oración contemplando el tiempo del marcador. Yo no podía dejar de ver a la cancha, no quería ver a ningún hincha amarillo. En eso recordé que una vez Neicer mencionó que la hinchada no debe perder la fe hasta el último minuto e invoqué a que El Simpático tenga razón.

Cuando en eso, ante una rápida jugada coleciva, solo alcanzamos a ver que el balón se estrelló en el arco de Banguera y que Bieler gritó eufórico: “Gooooooool”.
El estadio explotó. Nosotros perdimos la cabeza de la emoción, quedamos afónicos, saltamos, nos abrazamos, lloramos, agradecimos al cielo, y valoramos algo más que aquel empate. Valoramos la oportunidad que LIGA nos daba de no dejar de soñar hasta en los minutos complementarios. Valorar esa lucha de los jugadores que no se conformaron con nada y ese abrazo alegre de Neicer que ha defendido tantos partidos contra este rival y sabe el significado histórico que tiene.

Al final salimos en grupos mixtos, con un buen puñado de adrenalina, para decir que triunfó el fútbol.
Esa es mi historia… Y tú, ¿cómo lo viviste?.