Señores lo dejo todo…

Señores lo dejo todo…

6h50 de la mañana, Nueva York se muestra aún cálido a pesar de que estamos ya en medio Noviembre. Espero impacientemente la van compartida que contraté la noche anterior con el propósito de evitar los inalcanzables precios que suelen cobrar los taxis en la Gran Manzana para dirigirse al JFK. En vez de una van con un conductor malhumorado, como me esperaba, me saluda un señor bien vestido desde un SUV negro de esos reservados para artistas. Me explica que no hubo nadie más en mi ruta y que utilizaré el servicio por un cuarto del precio que hubiese costado. Comienza bien el viaje a mi otra casa para encontrarme con mi otro amor, pensé. ¿Otra casa, otro amor? No, esta no es una historia de infidelidad, todo lo contrario. Se trata de aquella fidelidad que se le tiene a ese amor apasionante que responde al nombre de Liga Deportiva Universitaria. Dicho amor que de último momento nos llevó a Claudia, compañera en matrimonio y amor a LIGA, aunque sea por solidaridad, a preparar maletas y viajar a Quito y próximamente Buenos Aires siguiendo los pasos de la U en cobertura para cyberalbos.com.

El elegante conductor se llama Stany Menezes. No duramos mucho tiempo en entablar esas conversaciones cosmopolitas que caracterizan a las relaciones neoyorquinas. Proviene de un estado del sur de la India, parte de la minoría católica que vive en el gigante país del Asia central. Su padre, con quien comparto mi nombre, pudo haber tenido raíces portuguesas. Le explico que soy de Ecuador y le comento el propósito de mi viaje. Parece no entender porque “lo dejamos todo y nos fuimos a ver” un simple partido de fútbol. Si tan solo supiera. La conversación se torna a las bellezas de su país, me da una lista de lugares por visitar y cosas que hacer con el orgullo y nostalgia que caracteriza al inmigrante que habla a otros sobre su país. A duras penas alcanzo a apuntar sus consejos antes que el viaje termine. Momento de abordar el avión a la Carita de Dios.

Interminables horas después, en el aeropuerto me esperan Miguel Arauz, conspirador cyberalbo desde los inicios de la página, y Hetza Cadena, hincha de LIGA guayaquileña que vino exclusivamente a ver el LIGA – Independiente. Escuchar su historia me deja como si me hubiese encontrado con un trébol de cuatro hojas. Estoy seguro que en los años venideros esa combinación se hará menos extraña. Respirar el aire de Quito infla mis pulmones de felicidad pura, no entiendo como la gente de llano se queja de falta de respiración cuando llegan a los 2,800 metros de mi ciudad. Si tan solo supieran.

Recorrer las calles de Quito con Hetza y Miguelo me hace caer en cuenta que pronto estaré en las canchas de Ponciano y Avellaneda, presenciando al fin una nueva página de gloria en la historia de la U. Nunca antes fui a un partido internacional de LIGA. De hecho, llegué a conocer Casa Blanca un par de meses atrás luego de quince años de exilio. Antes de llegar a casa, Miguelo detiene el carro para encontrarse con Ale Izurieta, Santiago Puebla y Oscar Mejía. Ahora comienzo a conocer a todos esos personajes que antes solo representaban una cuenta de correo electrónico, una página web o, más recientemente un perfil en Facebook o Twitter. Un recibimiento de familia alba. Estoy en Quito, esta es mi casa.

Escribo estas notas y lo seguiré haciendo durante este viaje de semifinales por la misma razón que comencé cyberalbos.com hace doce años: establecer un medio de conexión entre hinchas y equipo como respuesta a la lejanía obligada. Escribo con la esperanza de leer muy pronto sus historias de re-encuentro. Ustedes si saben de que estoy hablando.

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