Recuerdos que no se olvidan

Recuerdos que no se olvidan

Luego de aquel empate en Casa Blanca frente al América de México, el sueño se hacía realidad. Después de haber recorrido pequeñas poblaciones ecuatorianas para apoyar al equipo de los amores en la B. Liga Deportiva Universitaria de Quito clasificaba a una final de Copa Libertadores de América. Ese día fue para Alejandro Landázuri uno de los mejores días de su vida.

“Siempre quedará grabado en mi mente”.

Cuando finalizó el partido de vuelta con el América, con mis hermanos Lenin y Xavier, decidimos ir a Brasil. Que  LIGA jugara una final internacional era un acontecimiento increíble en nuestro entorno y como jugaba la U era para ilusionarse. Solo aterrizabas un poco la ilusión, cuando barajabas las posibilidades de perder frente a la forma en que juegan los equipos brasileños y comparabas el nivel futbolístico que tiene este país.

Recuerdo que viajamos el 1 de julio desde Quito a Manaos, llegamos cerca de las 3:30 am (hora local). Nos recibió la clásica humedad y calor que la caracteriza. Luego de una espera y un nuevo viaje, arribamos a Río de Janeiro a las 8:00 am; el ambiente era raro “olía a fútbol”. Al pasar por migración mi pasaporte fue sellado por un hincha de Flamengo, recuerdo que con señas y algo de portugués me decía que “torcía” por LDU y su 4-2, el marcador que habíamos conseguido en Casa Blanca.

Ya en Río, nos reunimos con más familiares que viajaron desde El Salvador para, en la tarde, embarcarnos en los buses que nos esperaban a los hinchas albos en el lobby del hotel. Yo vestía, sin importar el calor, mi clásica cábala para las finales: tres camisetas de la LIGA (preferible las tres de una misma temporada) junto a una bandera de la U. Así con esa vestimenta llegamos a Copacabana donde nos reunimos con el resto de la hinchada mientras entonábamos cánticos albos.

Luego de unas horas entramos con resguardo policial al mítico Maracaná. La sensación de estar ahí fue increíble, estaba por cumplir mis 20 años y para mí no hubo mejor cumpleaños que aquel. Ver el gramado, lo imponente del estadio, la torcida brasileña gritando “¡nense nense!” nosotros los hinchas albos tratando de acallar a mas de 50000 brasileños. Pero tenía una convicción en el equipo del 2008 que iba a ganar la copa, a pesar de que luego del gol del Chucho, nos metieron tres más, pero igual tenía una fe ciega en el equipo, algo me decía que los 11 jugadores que disputaron esa final iban a conseguir algo increíble.

Cuando saltó Fluminense a la cancha fue algo asombroso, me quedé anonadado fue como estar en medio de un bombardeo. Junto con mi hermano Xavier nos quedamos boca abiertos viendo el cielo iluminado por el recibimiento, incluso el estadio temblaba. Pero cuando salió la U se me puso la carne de gallina, todos alentamos con mucha fuerza y más que todo el mensaje de “Gracias Ecuador por estar unidos” me llenó demasiado, porque creo que en su mayoría todos estaban unidos o al menos pendientes de lo que iba hacer un equipo ecuatoriano en una final continental.

Comenzó el partido y veía al equipo con esas ganas de triunfar y más que todo de jugar con autoridad, cuando Bolaños metió el gol, todos nos emocionamos, hubo abrazos, la cerveza voló, la ilusión crecía. Pero como dicen por ahí, no todo es color de rosa, los 3 goles de Thiago Neves pusieron en tela de duda si en verdad la copa se venía a Quito. Y pasaba lo de siempre: que los grandes vencían y ahí quedaban todos los sueños.

Lo positivo fue que la U aguantó todo el vendaval y se fue a minutos complementarios. De ahí vino lo que quizás para muchos es lo más dramático que tiene el fútbol: los penales.

Ahora volviendo a esa crónica final del 2008, recuerdo que en los penales hubo muchos picos de emoción y tristeza en ambas hinchadas. Tristeza para la gente alba cuando Campos erró el penal y emoción para Fluminense por tener nuevamente esperanza,  porque en el primer cobro Conca no pudo abatir a Cevallos, me imagino los rostros de los torcerdores brasileños cuando Neves, Washington, Conca no pudieron embocarla y teniendo de consuelo el pénalti de Cicero.

LIGA continuó pisando fuerte en los penales con Urrutia, Salas y Guerrón, convirtiéndose en gladiadores en ese mismo coloso; pero cuando Pepe Pancho tapó el último penal a Washington, las alegrías se desbordaron, los abrazos fraternos con Lenin, Xavier y familia, concluían con un momento mágico que siempre quedará grabado en mi mente por haber estado ahí y haber tenido confianza al equipo del Patón.

Creo que cuando esté a minutos de irme a mejor vida, lo del 2 de julio del 2008 pasará como uno de los acontecimientos más felices que habré tenido por siempre.

Alejandro Landázuri.