Ni en la cancha, ni en la mesa.

Ni en la cancha, ni en la mesa.

No les dio vergüenza. En los momentos difíciles se conoce mejor a las personas e instituciones. La imagen que muchos teníamos de EMELEC como la versión refinada de su vecino de patio fue desintegrándose vertiginosamente desde los últimos minutos del partido de ida en Quito.Hasta allí, pocos podían negar que el rival se merecía estar en esa instancia y muchos hubieran aceptado un eventual triunfo del equipo azul como justo.

Pero Miller Bolaños tenía una segunda obra de arte en su botín; su eventual gol de campeonato abrió no solamente las redes por segunda vez sino también una Caja de Pandora de instintos azules oscuros . En cuestión de horas se anunciaba el as bajo la manga rival: un escándalo que hasta ese momento era casi monopolio del mismo EMELEC se presentaba como la solución en ofensiva a las deficiencias eléctricas. Su mejor jugador, cierta prensa, conjeturó inclusive la pérdida de la categoría para LIGA. En el remate final, Ecuador Santacruz, cual jugador paquete, terminó pidiendo, rogando mejor dicho, que tan solo se anule el último partido. Se desnudó entonces la intención azul: querían hacerse, en la mesa, de la ventaja que la U había conseguido en el campo de juego.

Por fortuna, EMELEC sazonó con una pizca de incompetencia toda receta de mala fe que intentó cocinar en la caldera. A la F.E.F. sus abogados llevaron “bombas” de documentación que probaban que de hecho Gonzalo Chila era pastor, no futbolista, y que jugaba bien por la izquierda de la ley, no de la cancha. Pequeño detalle, Cheme ya había admitido horas antes su delito. Las pruebas se volvieron redundantes, el argumento legal deficiente.

No acabó Patricio Torres de destruir sistemáticamente la querella eléctrica que se venía, ahora si, una “bomba” de verdad. Las 4,000 entradas prometidas a LIGA se volvían, por arte de magia azul, 1.600. Habiendo perdido anticipadamente su partido de local en la mesa, EMELEC perdió también los papeles; aquellos en que se comprometía entregar la San Martin completa a los hinchas de la U. Ya ni siquiera el oportunista interés de que “se cumpla el reglamento” fue utilizado; la máscara ética de Neme se esfumó tan rápido como su palabra, grabada por suerte en una radio quiteña.

¿Suficiente para sentir vergüenza, dar vuelta atrás y recuperar la imagen perdida? No, para EMELEC evidentemente la vergüenza no existe. Eso lo descubrirían cerca de 1,000 hinchas albos que, felices de llegar a Guayaquil luego de peregrinajes comenzados desde todo rincón del Ecuador, se encontraron con que sus entradas no aseguraba nada. Una puerta que nos recordaba a la de Alicia en el país de las maravillas – antes de tomar la poción – sumada a policías innecesariamente severos terminó por negarles el placer de ver a su equipo dar la vuelta en la cancha del rival. A primera vista parecería que esto ocurrió con dedicatoria. Eso asume, sin embargo, un mínimo de inteligencia y poder de planificación. Seguro que también hubo algunas otras partes de incompetencia y desesperada necesidad económica en ese conjuro. De hecho, cientos de hinchas azules también se quedaron fuera de la final con entrada en mano. Poco consuelo. Igual se vienen, esperemos, las respectivas demandas.

Si es que la minúscula puerta y los caballos obstruyeron la entrada del Capwell a los hinchas albos, las piedras de delincuentes vestidos de azul por poco hacen lo mismo con el plantel de LIGA. Vidrios rotos, un susto y puntos en las cabezas de un par de jugadores resultaron del ataque. Era de esperarse, la sinvergüencería baja rápidamente de dirigencia a cuerpo técnico, salpica a los jugadores y es recibida con brazos abiertos entre la hinchada. Hablando de técnicos, el que dirigió al rival terminó protagonizando el último acto vergonzoso de la semana. Lo peor de todo es que ni siquiera me refiero al lloriqueo de frustración que documentaron las cámaras del canal que, desafortunadamente, tuvo los derechos de la señal. Esto último, sin embargo, es otra sinvergüencería; ya tuvimos suficiente por hoy!

Deja tu comentario: