Leyendas urbanas

Leyendas urbanas

Seguramente se sabe la historia del gallito de la Catedral,  la caja ronca, del Padre Almeida, y hasta  de la viuda (lutona en la costa).  Problablemente  sus abuelitos le contaron de las brujas de Ibarra, del ataud flotante en el guayas, y  hasta del sapo kuartam en el oriente.  Es posible que, aunque lejanas, llegaron a sus oídos las historias del mismísimo ex presidente ecuatoriano de 1911, Víctor Emilio Estradda

Si es de la nueva generación, se sabe de memoria lo del chupacabras, y obligado le llegaron los mensajes electrónicos advirtiéndole de la posibilidad de encontrarse en la bañera de alguna habitación, completamente desnudo, sin un riñón ( en el mejor de los casos), o del contagio del sida por el pinchazo que “alguién” malevolamente le hizo en una discoteca.  En fin, sin importar lo tenebroso, contemporáneo o “verídico” de las historias, todas ellas se resumen en un término: Leyendas urbanas.

Y es que pese a que el término “leyenda” , etimológicamente quiere decir algo que debe ser leído, las urbanas se generan posterior a la historia cuando deberían hacerlo en la previa. Las leyendas urbanas, de alguna manera se basan en “algo real” pero crecen con la imaginación de quienes las cuentan y mantienen después.  Son una especie de espejo en el que se ve la cara de la sociedad, lo que piensa y lo que siente en un preciso momento. Las fobias y temores, las fantasías primarias actualizadas por la coyuntura contribuyen a encontrar los habituales argumentos que sustentan perversas historias transmitidas con la naturalidad y la lógica interna del discurso paranoico

En otras palabras, las leyendas urbanas son utilizadas para controlar situaciones, manipular a las personas, principalmente através de la ignorancia, para de alguna manera mantener el status quo o para cambiar situaciones que son adversas para quienes las crean.  Así como con el borracho que al ser “atacado” por el gallo de la catedral dejó el licor y nunca más insultó, o la interminable lista de hombres que dejaron de tener sus salidas nocturnas por miedo a esa hermosa mujer que se transformaba en calavera, y ni se diga el buen “pretexto” que encuentran hoy en día los padres para restringir los “permisos” a sus hijos por miedo a los traficantes de órganos, lo cierto es que las leyendas urbanas, son más fantasía que verdad.

Me atrevo a pensar que todavía no encuentra razones del porqué de esta nota, no lo culpo; sin embargo, déjeme contarle otras leyendas urbanas, estas en el campo deportivo. Y es que asi como las cajas roncas, lloronas, y demás, habrá escuchado que en el fútbol ecuatoriano existe un “gran ídolo” dueño de “más de la mitad” de los fanáticos de este deporte, y en el mismo sentido, que tan solo “vive” un “verdadero clásico” dentro de nuestras fronteras (el inmortal diría un frustrado poeta). Lo cierto es que al igual que las brujas de Ibarra, o el chupacabras, estas son simples historias urbanas, aunque después de ver los siguientes números se dará cuenta que las brujas de Ibarra tienen más credibilidad.

Gracias al aporte periodístico de nuestro gran amigo Aurelio Dávila, uno de los mejores estadísticos del deporte rey en Ecuador y el mundo, y con datos recolectados de manera oficial de las actas de la Federación Ecuatoriana de Fútbol,  compartimos a continuación algunos de los números (aquellos que no mienten ni son factibles de manipulación) del campeonato ecuatoriano de fútbol que acaba de terminar, coronando campeón a LDU.

Partido que más boletos vendió: 1ero.  Liga vs Barcelona  111.783;  2do. Liga vs Emelec 94.532; 3ero. Barcelona vs Emelec 88.417

Equipo que más taquillero (local y visitante):  Barcelona 520.000; Liga 481.000;  Emelec  365.000

Equipo que más gente llevó de local:  Barcelona 243.671;  Liga 227.590; Emelec 184.943

Equipo que más gente llevó de visitante: Barcelona 276050; Liga 253.688; Emelec 180077

Mayor convocatoria en Quito: Liga 297.836; Barcelona 166.234; Deportivo Quito 137.325

Mayor convocatoria en Guayaquil: Barcelona 272.313; Emelec 237.049; Liga 93.415

Está en usted sacar sus propias conclusiones, aunque si las matemáticas que nos enseñaron en las aulas del Benalcázar no han cambiado en los pasados 20 años, la “mitad más uno” solía significar algo más del 50%.

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