Fútbol, pasión que nos globaliza

Fútbol, pasión que nos globaliza

Por: Hugo Carro 
Columnista Invitado
El empate 1 a 1, no buscado por ninguno de los dos, es justo, y los dos suman y conservan las primeras posiciones en la clasificación. Aunque claro, falta mucho por ver la pelotita rodar.

El empate 1 a 1, no buscado por ninguno de los dos, es justo, y los dos suman y conservan las primeras posiciones en la clasificación. Aunque claro, falta mucho por ver la pelotita rodar.

El empate 1 a 1, no buscado por ninguno de los dos, es justo, y los dos suman y conservan las primeras posiciones en la clasificación. Aunque claro, falta mucho por ver la pelotita rodar.

Ecuador salió a la ofensiva y sorprendió a Uruguay a los 5’con un penal que cobró bien el árbitro paraguayo, y si no lo hubiera hecho, igualmente, el delantero Felipe Caicedo, iba neto al gol. Este balde de agua fría, en un Estadio Centenario repleto, sosiega a cualquiera. Y, creo, fue lo que pasó con Uruguay, que tenía otro planteo al comienzo del partido.

Pero el fútbol, pasión de multitudes, se juega casi más intensamente fuera de la cancha. Desde muy temprano creció el tráfico de mensajes por internet, achicando la Tierra y reencontrando amistades y afectos. En Ecuador, se dice que hay unos 500 uruguayos, que nos distribuimos, especialmente en Guayaquil y Quito. Muchos, son futbolistas destacados que ganaron títulos y el cariño de los ecuatorianos.

En Quito, algunos compatriotas rumbearon de tarde hacia Parrillas Uruguayas, del ex futbolista uruguayo, José María Muñiz, que suele ser lugar de reencuentros con carnes, trucos y mateadas.

En ese grupo, comenzamos el intercambio de mensajes, que salían de Quito y llegaban hasta Alemania, donde Pedro, por ejemplo, luchaba contra el cambio horario y el idioma, por saber si vería el partido en televisión. Aquí no estaba del todo claro, por la habitual dictadura de los cables. Pero finalmente, se vio por Gama y TC.

Las bromas fueron surgiendo, con la intervención de algún ecuatoriano, con quienes claro, en estos casos se nos cruzan las emociones.

Quienes me conocen, y por el ejercicio profesional, saben que procuro ser lo más objetivo posible. Aplaudo el buen fútbol, sea de Ecuador, Uruguay, o cualquier picado en un campito. Porque el fútbol, aunque sea un millonario negocio, que obnubila a muchos, estupidiza a otros, y nos apasiona a la mayoría, no deja de ser un juego. Y en mi caso, por haber jugado, además, sé que si no hay diversión no hay buen fútbol.

Lo del árbitro paraguayo, Amarilla de apellido y sus amarillas tarjetas, creo que estuvo correcto. Por televisión con más de diez cámaras resulta fácil ver lo que él no ve, y condenarlo. Lo que suele hacerse desde la pasión y falta de objetividad. Por ejemplo, los ecuatorianos vieron como no cobró otro penal contra Chucho Benítez, mientras los uruguayos quizá vemos, por qué no lo expulsó por simular. Lo que solo él sabrá.

Otro elemento que grafica bien la falta de objetividad es la de los relatores de los dos canales, Paco Alvarez, Diego Arcos y Gonzalo Rodríguez. Empezararon relatando el partido como si Ecuador fuera el Barça en su mejor momento e insistiendo que fuera ‘muy superior’ a Uruguay, y luego, rogando que se terminara el partido, cuando Uruguay apabullaba a la Tri en el final.

Claro, de ese relator, que a Falcao le dice medio tiempo Puma y otro tiempo Tigre, como es, que confunde a Pereyra en Uruguay, diciendo que se cambió de look, cuando siempre se rapó, o diciéndole CachabachE a Forlán en vez de su apodo Cachabacha, por una famosa bruja, no se puede esperar algo de objetividad.

Así es el fútbol, pasión de multitudes y que está bien. Salvo, hasta cuando esas pasiones se salen de control. Y todos sabemos lo que pasa.

Hugo Carro (5/10/1957)
Soy uruguayo de nacimiento y ecuatoriano por adopción, mía y de una quiteña.
De niño soñaba con viajar y ser doctor, y me apasioné por la lectura, que es como viajar con la imaginación.
Luego de años de estudiar medicina, no me gradué y dejé todo por el periodismo, que es como tener pasaporte para preguntar, investigar y saber. Eso me trajo hace seis años a Ecuador, donde conocí a una quiteña que me abrió su corazón y alborotó el mío.
Tengo hijas gemelas, y soy abuelo de Adriano. He leído algunos miles de libros, pero escribí solo dos. El
último lo presenté aquí en Flacso, Ecuador y es Benedetti, un pesimista animoso, sobre el humor del escritor compatriota fallecido en 2009.
Corresponsal uruguayo
Quito, Ecuador 00 593 95 615 248
Secretario APE
Síguelo en twitter: @Todomedio