Este sentimiento no tiene género, ni edad.

Este sentimiento no tiene género, ni edad.

El uno acaba de cumplir 39, y disfruta de la gloria con un amor que descubrió recién hace poco menos de 3. Ellos empiezan a vivir pero ya descubrieron este amor. El, cosecha el fruto de una vida

dedicada con amor a su deporte favorito.   Ellos sueñan llegar al profesionalismo  y poder algún dia conseguir la gloria.  El, ya piensa en el retiro. Ellos, apenas si están empezando.

El, José Franciso Cevallos, ya tiene para siempre su nombre escrito en los libros de oro de Liga Deportiva Universitaria, y del fútbol ecuatoriano.  Ellos, los chiquitines, a sus 9, sueñan escribir los suyos en lo más alto de la U y del mundo; y sus padres ya se imaginan los titulares periodísticos:  Macías, Méndez, otra vez campeones….

Las historias de nuestros pequeños personajes tienen al mismo tiempo poco, y mucho en común. En esencia, lo que los une es esa gran pasión por los colores universitarios. Ambos consiguieron, tras larga insistencia, que sus padres les permitan ser parte del equipo universitario. Lo que se hereda no se hurta dice el viejo refrán, y no es la excepción en este caso.  La locura, transformada en sentimiento, de la madre en el un caso, y del padre en el otro, calaron pronto en los corazoncitos de estos dos chiquilines que ya entrenan en las divisiones infantiles de Liga Deportiva Universitaria e intentan hacerse un espacio dentro de la U, aunque lo hagan en sitios diferentes, Quito y Pomasqui.

Pero, nuestra sociedad parece no estar preparada para ciertas cosas aún.  Mientras Mauricio ya empieza a disfrutar de las mieles de la victoria, con un título conseguido la semana pasada ante el equipo de El Nacional, en calidad de capitán; Emilia sufre de discrimación por su calidad de mujer, y pese a haber venido entrenando con regularidad bajo la venia del profesor Oscar Subía (ex gloria de la U), ahora se enfrenta a la decepción de ser excluída por el nuevo timonel de los menores en Pomasqui.

Cómo hacerle entender a una niña, que vive la pasión alba desde que era una bebé, y que entrena todos los días con ahínco, tanto en las canchas como en el patio de su casa, que no puede ser parte de lo que más quiere?  Como explicarle que puede emocionarse con los triunfos universitarios, pero no puede ser parte de ellos?  Como explicarle que su nombre no podrá estar junto al del “Pancho” Cevallos, por el sólo hecho de ser mujer?   Al menos existe una nueva ley vigente en Ecuador sobre la discrimación, que no debería ser pasada por alto.

Estamos convencidos de que la exitosa directiva azucena hará lo que esté en sus manos, para permitir que todos los pequeños que quieren ser parte de Liga puedan cumplir su sueño, y los Macías, los Méndez, y los miles de jovencitos que aspiran seguirle dando más capítulos gloriosos al equipo de la Casona, no tengan que llevar su calidad a otros lugares, cuando el corazón lo tienen pintado de blanco  para siempre.  Porque, en realidad, es un sentimiento, y éste no sabe de edades, género o lugar, sólo de pasión.

Deja tu comentario: