Ese glorioso momento

Ese glorioso momento

Desde 1997 hasta el sol de hoy, ustedes como yo, hemos vivido en Casa Blanca varios momentos; desde los más alegres hasta los más amargos. Ustedes saben bien cuáles son. Por las tareas para CYBERALBOS he tenido la posibilidad de pisar la cancha del Estadio de LDU, de dar vueltas olímpicas con los jugadores, de ir a los entrenamientos, etc, pero lo que viví el viernes pasado previo al partido frente a Liga de Loja fue, en lo personal, único.

Por mi colaboración con LIGUISTA en la campaña conjunta con la Fundación Poly Ugarte, se me encomendó la tarea de que los niños salgan a la cancha con la bandera que decía Tócate y, luego de dar la vuelta al perímetro, entregársela a los jugadores para que la porten en su salida hacia el campo de juego. Aquí viene lo esperado.

En consecuencia, estuve en el túnel inflable para cumplir la misión, y entonces fui testigo presencial de ese último momento de intimidad del equipo antes de saltar a la cancha; momento reservado para los jugadores, y que los niños que saltan con ellos quizás no lo entienden por su propia emoción de estar con los ídolos. Momento que seguramente no pasa de treinta segundos, quizás a lo extremo durará un minuto, pero que para mí fue eterno; no quería que se acabe.

Las palabras las pueden imaginar, no son publicables, pero el momento en sí mismo fue un privilegio que permite comprobar, por si hiciera falta, que los jugadores saltan a la cancha con un solo objetivo: ganar. Que en el ejercicio del partido eso no ocurra es otro asunto e implica otro tipo de análisis, pero la mentalidad y la adrenalina de ese último momento antes de batirse con el rival, es un momento electrizante, en el que uno se contagia de lo que ellos hablan, gritan, etc. Tanto fue el contagio que, aprovechando esos microsegundos, entre la misión encargada y su consecución, con todo lo que se vivía allí adentro, compartimos un abrazo fuerte con mi buen amigo “El Pato” Urrutia.

Saltaron a la cancha, llevaron a los niños y a la bandera. Yo me quedé asimilando lo que había acabado de presenciar, de vivir, que nunca antes me hubiera imaginado siquiera, habiendo vivido ya varias cosas en el que ya es un mítico estadio de Sudamérica como lo esLa Maravilla de Ponciano, por las labores realizadas.

Una alegría más que Liga Deportiva Universitaria me regaló, sin siquiera que los jugadores hayan levantado una copa o ganado un partido…..sin siquiera que lo sepan. Por eso, lo digo una vez más: LIGA BENDITA.