En Liga la palabra paciencia tiene otro significado.

En Liga la palabra paciencia tiene otro significado.

A través de los años, la diferencia en Liga Deportiva Universitaria la han marcado sus dirigentes. El dinero, el tino o la suerte, aunque necesarios, poca influencia han tenido en las exitosas contrataciones azucenas, ya sea en cuanto a directores técnicos o jugadores. Paciencia, en Liga, es sinónimo, principalmente, de confianza.

Ya sea en la banca, el arco, la defensa, el medio campo o la delantera, por Liga pasaron deportistas que llenaron de gloria la casona y se convirtieron en héroes y leyendas. Sin embargo, muchos de estos personajes hubieran pasado sin pena ni gloria si los dirigentes hubiesen cedido a las presiones de la hinchada y la prensa, quienes exigían resultados desde el primer día, sin entender razones de acoplamiento a la altura, al juego del equipo o al ritmo de vida tricolor.

Es verdad, también hubieron casos en los que, a la luz de los resultados, se esperó demasiado con uno y otro jugador o entrenador, pero en la mayoría de los casos primó la sapiencia y el análisis justo y oportuno de los que llevaban las riendas en la U. De no haberse impuesto el criterio directriz, por ejemplo, jamás en Ecuador y Sudamérica se hubiera podido disfrutar del fútbol y los goles del ‘tano” Bertocchi, de la magia de Damián Manso, de la clase del “equi” González, de los éxitos del “patón” Bauza, entre otros tantos y tantos cracks que llenaron de fútbol la exigente retina de los hinchas albos.

Hoy por hoy, otras son las figuras que esperan consolidarse y empezar a dar alegrías y títulos a los fanáticos del Rey de Copas. Corresponde a la hinchada, a esa maravillosa banda blanca, llenar las gradas de los estadios en donde juegue LDU y apoyar a los suyos como siempre, como nunca. Solo juntos volveremos a vivir los momentos de gloria que hoy, a tan solo dos años de conseguida la cuarta estrella internacional, ya nos hace tanta falta.