El Dinosaurio mayor.

El Dinosaurio mayor.

Aunque nuestra infaltable presencia en el querido Atahualpa databa desde aquel lejano 1971, con tan sólo un mes de nacido, no fue hasta que cumplimos 25 años cuando por primera vez nos animamos a acercarnos a una de esas nacientes “barras organizadas”.

El fútbol era religión en casa. De la mano de papi, no hubo domingo, o tripleta, en que no estemos puntuales las gradas del estadio. Ahí desayunábamos, almorzábamos y, a veces, hasta nos sorprendía la noche. Como buen quiteño, papi intentó contagiarnos, sin éxito, ese raro gusto azul-grana. De pequeño resultó bastante complicado ir contra corriente, en medio de una “culta barra” y un constante “bullying”, pero por sobre su pasión futbolera estuvo siempre el respeto y cariño de un padre hacia su hijo y papi, como no podía ser de otra manera, fue mi primer defensor ante sus colegas cuando grabé la U roja en mi aún pequeño corazón. Esa fue nuestra rutina por los siguientes 18 años.

Ya “mayor de edad” seguí asistiendo al fútbol junto a el. Éramos asiduos de la preferencia. Ahí estaban la señora de las papas, la comadre de la cervecita, los amigos… Pero los amigos de papi eran cada vez menos. La gente que asistía a esa zona del estadio era diferente. Las hinchadas fueron adueñándose de cada zona del estadio. A la de la Liga “le tocó” la general norte. Y entonces fuimos migrando para allá cuando ya no acompañábamos a papi, con mucha mayor razón cuando en 1995 el tomó rumbo a USA. La norte se convirtió en nuestra nueva casa.

En la “general de la Liga” empezamos a vivir cosas muy diferentes, a conocer personajes muy especiales. De entre todos ellos sobresalía uno en especial. Un tipo de voz gruesa, de espíritu alegre, de aliento incansable y una presencia que imponía respeto (quizás hasta miedo, en particular si eras un hincha de otro equipo en esta general). Su barba era su signo de presentación. No sabíamos aún su nombre, pero definitivamente sabíamos que representaba para los hinchas de Liga.

Tras la inauguración de Casa Blanca cambió radicalmente el fútbol como lo conocimos alguna vez. Nuestro sueño se hizo realidad. Ahora veríamos el fútbol entre familia, solo entre “albos”.

Ya papi no residía en Quito así que tuvimos que seguir la tradición de ser “hierba del estadio” por propia cuenta. En Casa Blanca fuimos a todas las secciones, buscando nuestra nueva “preferencia”. Desde las generales sur y norte, alta y baja, pasando por las tribunas y palcos, incluso las suites, mas no encontrábamos aún esa familia como la que acompañó a nuestro progenitor tantos lustros en el viejo elefante blanco de la 6 de diciembre.

La presencia del incipiente internet terminó siendo factor determinante para encontrar esta familia. Cyberalbos empezaba sus andanzas en la web y, por su intermedio, empezamos a compartir orgullosos con otros liguistas “alrededor del mundo” fotografías de nuestra hermosa primogénita con los colores de la U. Uno de aquellos albos, el querido Shaggy, fue el primero en hacer lo que ahora ya es tan común: dar un “me gusta” a una foto de mi nena. El Shaggy, me enteraba en esos días, era parte de la barra “dueña” de la general norte baja “Los Dinosaurios”, me invitó cordialmente a acompañarlos una noche a una de las reuniones semanales que este grupo tenía como parte de su organización para acompañar y apoyar al equipo el siguiente partido.

25 años asistiendo infaltable al estadio y, sin embargo, nos sentimos ajenos a todo aquella primera vez en una “barra organizada”. De entre todos, una voz y su respectiva presencia emergió imponente, era el famosísimo Ivan Racines, en vivo y en directo. Era en ese entonces el presidente de aquella barra. Ese día nos presentaron a Ivan y aprendimos a conocer al Beto. Es que una cosa era Ivan (para el resto) y otra, muy diferente, el Beto (para los amigos).

Con el tiempo, y un montón de experiencias en las canchas y fuera de ellas, aquella figura imponente e “intimidante” nos dejó ver en toda su expresión quien era en realidad. El Beto estaba ahí para apoyarte, para protegerte, para ser más que tu amigo. El Beto se convirtió en un hermano mayor. Pobre aquel que osaba faltarte el respeto.

Faltarían párrafos para contar todas las anécdotas que con el Beto creamos alrededor de nuestra querida LDU (aunque necesariamente deba contar aquella en donde el Beto decía orgulloso tras 4 goles de este servidor en un campeonato ínter barras – “Bolito eres nuestra contratación estrella”).

Pero, increíble de creer, la mejor experiencia que me llevo del Beto es cuando, en ejercicio de su profesión (Abogado) nos ayudó a despedirnos en “paz” de nuestra tierra aquel 2002, cuando los que decíamos adiós esta vez éramos nosotros. El Beto, una vez más, apareció para cubrirnos con su imponente presencia y darnos esa última palmadita de confianza, esa “bendición” que aún necesitábamos desesperadamente.

El Beto fue, es y será, el hermano mayor que estuvo y estará para defenderte, si era necesario a los golpes. El Beto ES y será para siempre, ante nuestros ojos, el hermano mayor, ese hermano de sangre blanca que el amor por la U una vez unió… y la vida nunca más separó. El Beto será por siempre ante nuestros ojos el DINOSAURIO MAYOR.

Hablar en pasado de alguien que sigue y seguirá vivo mientras exista aliento para la Liguita en un estadio no tiene sentido alguno, así que solo queda agradecer. Beto querido. Gracias por tus enseñanazas. Gracias por tu protección. Gracias por tu aliento. Gracias por tu amistad. Gracias por tu hermandad. Gracias por tu vida. No tienes idea cuanto te vamos a extrañar!

3 Comentarios

  • Valeria Muñoz

    Sep 17, 2019 - Responde

    Que lindas palabras Bolito. Muy certeras.

  • Gracias por darme a conocer una trayectoria ejemplar de mi amigo Betito. Soy de Latacunga y en las pocas oportunidades de alentar a mi equipo LDU las realicé en compañía de Betito y de Elin amigos del alma

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